The Silent Child: Un cortometraje que se abre al mundo de la infancia sorda

“Ella es normal, Sue. Solo está sorda,” escribe y dice Rachel Shenton. Como guionista y actriz principal de este pequeño cortometraje – según tengo entendido, el primero que hizo – la también activista recibió el Oscar en 2018, aceptando el premio con un discurso en Lenguaje de Signos Británico.

En esta breve historia tenemos a Libby (Maisie Sly), una niña sorda de 6 años que se prepara para ir al colegio por primera vez, pero sus padres, Sue (Rachel Fielding) y Paul (Philip York), no tienen muchas esperanzas. Por eso deciden pedir ayuda. Entonces es cuando Joanne (Rachel Shenton) entra en sus vidas y empieza a enseñar a Libby a comunicarse. Las dos se hacen amigas al instante. Al final, Joanne es la única persona con la que Libby puede entenderse.

Un solo visionado no es suficiente para este cortometraje. A pesar de sus 20 minutos de duración, hay una construcción tan detallista de la historia que resulta esencial repetir. Puede resultar complicado que en solo 20 minutos se genere tal complejidad entre los personajes, pero The Silent Child lo consigue a través de una narrativa llevada de una manera excelente.

Hay un solapamiento inteligente entre diálogos y silencios. No para otra cosa sino permitir al espectador moverse entre cada uno de los personajes y sus puntos de vista sobre el tema. Esto es lo que The Silent Child construye con tanto detalle desde su inicio.

Tan simple como extraordinario pueden ser planos de la familia “huyendo” a sus obligaciones laborales, mientras Joanne se cruza con ellos para entrar en la casa donde se queda Libby. Tan minuciosas como necesarias pueden ser secuencias con planos fijos – pasando entre cada miembro de la familia, con Libby observando en silencio, apartada, enterrada – mientras, por otro lado, la cámara se mueve suavemente entre Libby y Joanne cuando pasan tiempo juntas.

The Silent Child pretende que, como espectadores, juzguemos a esta familia que no quiere comprender a Libby – lo consigue – pero (quizá) que también lleguemos a ver el propio conflicto al que se enfrentan los padres. Por eso insisto en un doble visionado.

Tomando esas tres perspectivas; la de Joanne por ayudar a Libby y hacer entender el propio conflicto a su familia; la de Libby, por sentirse parte de su familia, por pertenecer y ser entendida; y la de Sue, por su falta de comprensión hacia dicho tema con su hija, The Silent Child presenta un guion exquisito en contenido, significado y estructura.

Para llegar a ese final donde se juntan esos tres conflictos interpersonales, el cortometraje ya ha construido tal complejidad emocional por medio de diálogos y silencios que la fuerza con la que entra la escena de cierre consume todo sentimiento reprimido durante estos 20 minutos.

El ambiente saturado, que grita por embellecerse por medio de los colores que visten sus personajes, es otro detalle a resaltar (predominante sobre todo en la escena final), así como la fotografía a contraluz para ciertos planos entre Libby y Joanne.

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